Gestionar una explotación ganadera implica tomar decisiones constantemente. Desde la alimentación de los animales hasta la selección genética o la organización de los procesos productivos, cada elección tiene un impacto directo en los resultados de la explotación. Detrás de muchas de estas decisiones hay una gran cantidad de información procedente de granjas, laboratorios, empresas tecnológicas, centros de investigación y otros actores que forman parte de la cadena agroalimentaria.
La realidad es que esos datos suelen encontrarse dispersos en distintas organizaciones y plataformas. Cada actor dispone de una parte de los datos, pero resulta difícil construir una visión completa que permita entender qué está ocurriendo realmente y por qué se producen determinados logros.
Esta falta de conexión entre los datos limita la capacidad de extraer conclusiones útiles, identificar oportunidades de mejora y aprovechar todo el valor que esos datos pueden generar para las explotaciones y para el conjunto del sector.