De acuerdo con la Propuesta de Ley de datos europea los datos son un componente fundamental de la economía digital y un recurso esencial para garantizar las transiciones ecológica y digital. En los últimos años, el volumen de datos generados por seres humanos y máquinas ha experimentado un aumento exponencial. Es esencial desbloquear el potencial de estos datos mediante la creación de oportunidades para su reutilización, eliminando obstáculos al desarrollo de la economía del dato y respetando las normas y los valores europeos. En consonancia con la misión de reducir la brecha digital, se deben impulsar medidas que permitan que todos se beneficien de estas oportunidades de manera justa y equitativa.
Sin embargo, un inconveniente de la alta disponibilidad de datos es que a medida que se acumulan más datos, se genera un caos cuando éstos no se gestionan correctamente. El incremento del volumen de datos en velocidad, escala y variedad implica, a su vez, una mayor dificultad para asegurar su calidad. Y en situaciones de niveles inadecuados de calidad de datos, conforme las técnicas analíticas utilizadas para procesar los conjuntos de datos se vuelven más sofisticadas, los individuos y comunidades pueden resultar afectados de nuevas e inesperadas formas.
En este escenario cambiante, se hace necesario establecer procesos comunes aplicables a los activos de datos de toda organización a lo largo de su ciclo de vida maximizando su valor mediante iniciativas de gobierno de datos que aseguren un enfoque estructurado, gestionado, coherente y estandarizado a todas las actividades, operaciones y servicios relacionados con datos. En definitiva, se debe asegurar que la definición, creación, almacenamiento, mantenimiento, acceso y uso de los datos (gestión de los datos) se hace siguiendo una estrategia de datos alineada con las estrategias organizacionales (gobierno de los datos), y que los datos que se utilizan son adecuados para el uso que se pretende (calidad de los datos).