16.500 millones de euros. Esos son los ingresos que se estima generarán la inteligencia artificial (IA) y los datos en la industria española para 2025, según se avanzó el pasado febrero en el foro de IndesIA , la asociación para la aplicación de la inteligencia artificial en la industria. La IA ya forma parte de nuestro día a día: ya sea haciendo más sencillo nuestro trabajo al realizar tareas rutinarias y repetitivas, o bien complementando las capacidades humanas en diversos ámbitos a través de modelos de aprendizaje automático que facilitan, por ejemplo, el reconocimiento de imágenes, la traducción automática o la predicción de diagnósticos médicos. Todas ellas, actividades que nos ayudan a mejorar la eficiencia de negocios y servicios, impulsando una toma de decisiones más certera.
Pero para que los modelos de aprendizaje automático (también conocidos por el término en inglés machine learning) funcionen correctamente, se necesitan datos de calidad y bien documentados. Todo modelo de aprendizaje automático se entrena y evalúa con datos. Las características de estos conjuntos de datos condicionan el comportamiento del modelo. Por ejemplo, si los datos de entrenamiento reflejan sesgos sociales no deseados es probable que estos también se incorporen en el modelo, lo cual puede tener graves consecuencias cuando se utiliza en ámbitos de gran importancia, como la justicia penal, la contratación de personas o el préstamo de créditos. Además, si no conocemos el contexto de los datos, puede que nuestro modelo no funcione correctamente, ya que en su proceso de construcción no se han tenido en cuenta las características intrínsecas de los datos sobre los cuales se sustenta.
Por estas y otras razones, el Foro Económico Mundial sugiere que todas las entidades deben documentar la procedencia, la creación y el uso de los conjuntos de datos de aprendizaje automático con el fin de evitar resultados erróneos o discriminatorios.